La muerte de la joven Daiana Abregú en la estación policial de General Laprida revela que las viejas prácticas de la Bonaerense siguen activas: violencia, muertes y encubrimientos con ayuda judicial. El caso se suma a una larga lista en el país: la mayoría de las muertes en manos del Estado ocurren bajo custodia policial, en cárceles y comisarías.











